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Edición 24
30 de Noviembre 2008
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Desperté cuando ya era casi de noche, entre a mi casa y me dispuse a descansar, mis hijos veían la
televisión y mi esposa terminaba de preparar la cena, platicamos respecto a esos momentos de la infancia y
como ella había nacido en la ciudad, se maravillaba de la manera como yo vivía mi infancia en un rancho de
Zacatecas, era una ranchería pequeña a unos kilómetros de Tayahua, ahí de donde es el artista ese, Antonio
Aguliar el que canta “árboles de la barranca”. Después de la cena y mil preguntas de mis hijos respecto a los
insectos que conocía: rodones, mayates, catarinas, ciempiés, picudos, salamandras, etc, me dispuse a
dormir, lo ultimo que le dije a mi esposa después de que platicamos antes de dormir fue:
Como me gustaría ser niño otra vez”, se rió de mi y me dijo: “Ya lo eres, no cambies”, me dio un beso y
se dispuso a dormir.

Ser un niño en algún rancho lejos de la ciudad, tenía un caballo y cuidaba de los animales de la granja de un
hombre que por supuesto, era mi padre. Me vi montado a caballo y disfrutando de la edad de trece años,
poco a poco me fui quedando dormido, y curiosamente mi imaginación se convirtió en sueño y seguí soñando
la escena de mi infancia inventada, toda una fantasía.
He tenido muchos sueños, y me refiero a cuando duermo, recuerdo
claramente aquella tarde de otoño en el amplio jardín de mi casa en
Linares, no era una casa grande, pero si su jardín, y suficiente para
vivir mi esposa y mis dos hijos; Claudia y Andrés, en ese jardín
cultivaba algunos árboles de naranja y mandarina.

Estaba yo sentado a la sombra de uno de esos árboles disfrutando
del atardecer cuando el suelo se encontraba lleno de hojas secas,
me quede dormido disfrutando del atardecer, mi mente voló hasta mi
infancia, cuando todo al derredor es magia, los escarabajos, cuando
uno es niño, son torpes y en ocasiones entupidos, algunos cargan
bolas de excremento de animales de un lado a otro, cuando uno es
grande comprende que son mas inteligentes de lo que pensábamos,
ellos hacen bolas de excremento para depositar sus huevecillos y
que al nacer sus crías tengan de que alimentarse… Bueno, creo que
si son entupidos, yo haría bolas de fruta u otra cosa.
SUEÑO ARGENTINO
Me senté a la mesa y me quede pensando, mi vida era tan real y a mi
mente comenzaron a venir recuerdos de mis amigos argentinos, de
mis correrías infantiles por la pampa, de Diana, una niña muy bonita
que hacia brincar mi corazón cuando la veía. Desayune y salí corriendo
a las caballerizas, curiosamente me sentía feliz, pero extrañaba a mi
esposa y a mis hijos, pero la maravilla de la vida y de ser niño otra vez
compro mi pasado y yo se lo vendí.

Diana me grito desde la otra casa en la colina y yo le salude
levantando mi mano, corrí hacia su casa y le platique de mi sueño, nos
reímos y regrese a mi casa al grito de mi padre.

Tengo ahora veintinueve, estoy casado con Diana y tenemos dos hijos,
les pusimos Claudio y Andrea y escribo este pasaje en mi diario con el
temor de despertar algún día en linares con mi esposa y mis hijos,
pero también con la ilusión de que así ocurra, confieso que tengo
miedo....
Soñé que atardecía, que se metía el sol y mi padre y yo encerrábamos los
animales en sus corrales, mi madre; una señora gorda y cariñosa, nos
daba de cenar un rico guisado y un gran queso producto de las vacas de
la familia.

Seguí soñando y me fui a dormir (detalle curioso), dentro de mi sueño me
dije: “
Estoy soñando, al rato despierto” y siempre que me pasaba eso;
es decir, cuando era conciente de que soñaba, enseguida despertaba, y
esta vez no fue así, no se que paso, porque cuando desperté aun era niño
todavía, estaba en la casa del rancho en la pampa Argentina con mi padre
un hombre alto y enjuto y mi madre una señorona grande y amorosa.

Salí de mi recamara cuando mi madre preparaba el desayuno y comencé
a llorar asustado, ella trato de consolarme y yo le dije que no era posible,
que no era cierto, que estaba soñando.
¡Así es!. – Dijo ella. – Todo fue un sueño, no te preocupes, tu no estas casado ni tienes dos hijos y
eso de Linares no se que es, tienes un caballo y Diana es tu amiga y a lo mejor algún día será tu
esposa, ándale desayuna!
Por: Ismael Ledesma