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Edición 22
31 de Octubre 2008
Por las señas que nos dieron debíamos llegar a un pequeño pueblo llamada Manatlan, debiamos cruzar el
pueblo y seguir hacia la montaña por lo que nos salimos de la carretera y tomamos la tercería hacia el pueblo
con el fin de cruzarlo, unos doscientos metros después de haber dejado la cinta asfáltica siendo eso de las
tres de la tarde el cielo comenzó a obscurecerse lentamente, al llegar al centro del pueblo como la oscuridad
iba en aumento decidimos parar  y ver que estaba pasando. - Ha de ser la bruja. - Decían algunos. - pues nos
bajamos en la plaza junto al quiosco.

- Váyanse! – Nos dijo un hombre que paso por ahí visiblemente asustado. – Ustedes no tienen nada que
hacer aquí!.
-    Que pasa? – dijo Miguel siguiendo al hombre aquel.
-    Váyanse! – repitió y nos dejo en medio de la plaza.
-    deberíamos irnos! – Decía Sandra tomándome del brazo.
-    No es una aventura lo que buscábamos?
-    Esto me da miedo.
-    La gente nos ha contagiado su temor, debe tratarse de un fenómeno natural de esos que ocurren en
periodos largos de tiempo y en regiones especificas… Así como la lluvia ácida.
Ramón buscaba una explicación a todo aquello, , ahora cada vez que lo cuento, nadie me puede creer lo que
nos paso.
-¡Váyanse! – Nos dijo una mujer que paso rumbo a la orilla contraria del pueblo que daba a una brecha que
llevaba a la presa, su rostro era feo, se podían ver algunas verrugas en su piel.

-    ¡Espere, espere! – grito Sonia siguiendo a la mujer.

-    ¡Váyanse les digo, este asunto no es suyo! – dijo volteando a vernos y haciendo una seña como
espantando un perro, esbozo una sonrisa burlona, agacho su cabeza, la cubrió con un rebozo y siguió su
camino.

¡Vamos! - Dijo Sonia, vamos a ver a donde va… ‘Órale! No querían una aventura? Parados en medio de la
plaza no vamos a encontrarla, “Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, o algo si, no es
¿cierto?

La seguimos calle arriba y la perdimos de vista, a lo lejos vimos una casa medio iluminada y con las puertas
abiertas.
-    Vamos, ahí deben decirnos que esta pasando. – Dijo Ramón.
-    Ni ellos lo saben. - Dije muy seguro, pues los habitantes de Manatlan no podían ser los causantes de aquel
fenómeno.
Llegamos a la casa aquella, nos acercamos lentamente y pudimos ver como colocaban veladoras junto a un
féretro negro, varias mujeres y unos cuantos hombres de campo parecían velar un cuerpo, nadie hablaba,
nadie rezaba, solo acompañaban al desafortunado… o desafortunada. Una fotografía de tamaño medio había
sido colocada a los pies del ataúd, describía un rostro de mujer, oscuro y pelo negro, me pareció haber visto
aquel rostro con anterioridad, Sandra me tomo del brazo y lo apretó con fuerza, - Es ella, es ella! – Me decía
con insistencia.
-    De que hablas, que quieres decir? - Le dije mientras miraba el rostro de Ramón que
boquiabierto contemplaba aquel escenario, volteo a verme con los ojos desorbitados, me
asuste al ver su expresión y me dijo quedamente dejando salir las palabras acompañadas
de terror del fondo de su garganta: “es ella, es ella!”.

Mire el cuadro de nuevo, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, sentí hasta el ultimo pelo
de mi piel ponerse en guardia y avance resuelto hacia el ataúd ante la sorpresa de la
gente y mis amigos…..

-    Aaah!!!, no, nooo. – Un grito se ahogo en mi garganta, mis amigos me miraban
asustados y yo con el rostro desfigurado, no sabia si llorar de miedo o gritar de espanto,
me aleje lentamente sintiendo que mil demonios me querían dar alcance y mis piernas no
me obedecían.

Ramón pasó junto a mí y se acerco al ataúd y regreso junto a mi, su rostro pálido y
desencajado expresaba miedo, un miedo jamás experimentado.
La mujer que descansaba en el ataúd era la misma mujer que minutos antes nos decía
que nos fuéramos de ahí, misma piel obscura, mismas verrugas, mismo rebozo… misma
mujer.

-    Quiere una canelita? – Me dijo una anciana.
-    Gracias! – No podía decir mas, tenia que sobreponerme Sandra lloraba en silencio, un
viento húmedo y helado salio del rincón de la casa. – “Ave Maria Purísima” expresaron las
mujeres que acompañaban al cuerpo aquel.
Corrimos al derredor de la casona en busca de una entrada y por suerte encontramos
un boquete en una de las paredes laterales, Ramón se asomo alumbrando con su
lámpara.

-    Rápido, rápido! – Gritaba Sonia mirando hacia la calle por donde habíamos
llegado; varios puntos rojos en pares se acercaban a nosotros, parecían perros con
ojos de fuego en medio de la oscuridad, se escuchaba el pataleo en el suelo y el
jadeo de sus fauces al correr hacia nosotros.

La primera en entrar fue Sandra, y después Sonia, luego entre yo, las fieras estaban
ya en la reja, luego entro Ramón y Miguel gritaba de terror para que nos diéramos
prisa, Miguel entro al final desesperado, ya había entrado mas de medio cuerpo
cuando lo vimos desaparecer de nuevo, algo lo había jalado hacia afuera y se
escudaba como si fueran cientos de perros peleando por la presa, los gritos de
Ramón eran desesperados, iba yo a salir a ayudarle cuando entro de nuevo
lanzándose a la entrada, cayo en el suelo y sus piernas quedaron afuera, apenas logro
meter la primera para empujarse hacia adentro mientras la otra era ferozmente
destrozada por las bestias de la oscuridad.

Miguel estaba visiblemente lastimado y lloraba por su pierna que habia perdido, todos
gritábamos asustados, afuera las bestias rugían y aullaban, arrastramos a Miguel a un
rincón y los rugidos cesaron, miramos hacia el boquete y con terror y gusto a la vez
vimos que había desaparecido, no había rastro del mismo aunque lo buscamos
sorprendidos mientras atendíamos a Miguel quien se había desmayado.
Regularmente un cielo negro no dice nada, te avisa que va a llover, te dice que esta
muy nublado, que hay humo en la atmósfera, que hay un eclipse o quizá que hay algo
muy común; que es de noche… Pero el hecho de que el cielo se ponga negro en
pleno medio día, que los perros aúllen, que gritos de dolor se escuchen a lo lejos y
ráfagas silbantes de viento húmedo y helado recorran el pueblo como lenguas
gigantes que lamen los rostros de los transeúntes y que al pasar estas la temperatura
en el ambiente siga tan calida como estaba… pone los pelos de punta a cualquiera.

Aquella tarde el 31 de octubre decidimos ir a la montaña a pasar la noche de muertos
en una velada lejos de la ciudad, recién me habían entregado mi camioneta tracker
2008 y el primer viaje fue precisamente a esta aventura que voy a contar.
Salimos a eso de las doce del mediodía, llevabamos provisiones para tres días,
bolsas de dormir, lámparas de mano, varias botellas de Wiskey y suficientes cigarros.
Me llamo Samuel, Sandra era mi novia y viajábamos en la parte delantera de mi
nuevo coche, en los asientos de atrás viajaban Miguel, Sonia que era su novia y
Ramón. Ramón era un apasionado de las computadoras y su mundo eran las mismas,
un genio de las matemáticas y no tenia tiempo para una chica.
A lo lejos pude ver unas pequeñas luces que venían en mi dirección, me detuve asustado, quise correr en
sentido contrario a ellas, pero las tinieblas me lo impedían, no podía dar un paso con seguridad, tropezaba
con las piedras, daba pasos en el vació pues había desniveles en la calle ya que eran calles de terrecería y
aquellas luces cada vez mas cerca me aterraban.
- Samuel! – Escuche el grito de Sandra que provenía de las luces en movimiento. Era ella que venia en mi
búsqueda, me detuve y regrese corriendo hacia donde la luces venían, eran mis amigos que habían salido
primero y alcanzaron a llegar a la camioneta, rompieron un vidrio y sacaron las lámparas para acampar que
traíamos y se dieron a la tarea de regresar por mi.

-    Vamos a pedir ayuda a alguna casa, vamos!
Corrimos con las linternas por los callejones, tocábamos a las puertas pero nunca obtuvimos respuesta,
parecía un pueblo fantasma de nos ser por los gritos de dolor que se dejaban escuchar de vez en cuando,
tocamos en varias, pero en ninguna contestaban aunque pudimos comprobar que había alguien adentro.
-    Vamos a la casa abandonada que esta a una cuadra de la camioneta, se acuerdan?. – Dijo Ramón.
-    Ahí quien nos puede ayudar? – Replico Sonia.
-    De algún modo no vamos a estar en la calle, llevemos las tiendas y todo lo que traemos, no podemos
quedarnos en la calle.
Corrimos a la camioneta y cargamos con todo cuanto pudimos mientras sombras obscuras parecían
ocultarse ante la luz de las lámparas, pasaban a nuestro lado como perros asustados, eran figuras sin forma
conocida y hasta las podíamos sentir cuando pasaban junto a nosotros asustadas, parecía que hasta el
mismo diablo tenía miedo....
No se puede entender como un viento frío puede salir del fondo de un cuarto que tiene una puerta cerrada al
fondo y con una única salida la cual estaba a nuestras espaldas. Sonia al ver nuestro rostro se encamino
decidida como lo hizo en la plaza y se acerco al féretro, regreso como si nada y solo me dijo.
“ahí no hay nadie, ¿que te pasa?”

-    Nadie?, no puede ser!, me acerque lentamente al ataud, mi corazón palpitaba como nunca lo había hecho,
sentía mis sienes latir al punto que me dolían, me acerque al ataúd y el jarro aquel cayo de mis manos, me
quede petrificado… El cuerpo no estaba en el ataúd, cuando mire a mi lado, varios de los asistentes se
santiguaban y salían asustados… ¡Un cuerpo no puede desaparecer así nada más!.

Un hombre vestido de negro el cual no habíamos visto en todo el momento que habíamos estado ahí, salio de
entre los asistentes y mirándonos a todos con una sonrisa burlona salio a la calle y al estar afuera soltó de su
garganta una carcajada tan fuerte que los vidrios de las ventanas vibraban mientras reía.

-    Esta cumpliendo su maldición, nadie le quiso creer, dijo que cuando se muriera todos aquellos que se
burlaron de ella morirían y lo harían con mucho dolor, su venganza caería sobre todos los presentes sin
importar de donde vinieran. ¡Váyanse! –
Nos dijo una mujer mientras la piel de sus viejas  mejillas caía en pedazos y sus gritos desgarradores se
dejaban escuchar en aquel pequeño cuarto que servia de sala de velación, no supe como fue, todos corrimos
hacia la salida, unos pisando sobre otros mientras otras personas gritaban de dolor y se arrancaban la piel
con las manos, otros se sacaban los ojos con sus propios dedos, era todo un caos, no supe donde estaba
Sandra, Salí corriendo y la buscaba mientras corría, al mismo tiempo ráfagas de viento húmedo y helado
lamían nuestros rostros, al respirarlas un fétido olor penetraba nuestros pulmones a punto del dolor, algunos
caían desmayados mientras por el viento giraba una carcajada burlona de mujer que parecía divertirse con
todo aquel alboroto de terror.

La oscuridad era casi total, corrí en dirección a donde creí había dejado mi camioneta, al correr le gritaba a
Sandra y a los demás, pero no había respuesta, de pronto todo estaba oscuro, corría yo en la oscuridad total,
no podía ver ni un centímetro a lo lejos, choque varias veces con las cercas de piedra, otras con otros
transeúntes que corrían desesperados y que al chocar conmigo ambos gritábamos ambos de terror pensando
que algun ser extraño nos atrapaba, mientras gritos de dolor se escuchaban a lo lejos y ráfagas de viento
húmedas y frías lamían nuestros cuerpos congelando nuestra sangre.
La casona no tenia electricidad, encendí las lámparas de noche que alumbraron la habitación donde
estábamos, camine hacia una de las tres entradas que tenia la habitación y ninguna tenia puerta, la luz de la
lámpara alumbraba el pasillo a lo lejos y pude distinguir una silueta de alguien que se aproximaba… - Hey!, -
grite tratando de llamar su atención. La silueta aquella continuo avanzando, vi que cojeaba de su pie
izquierdo, seguía hacia nosotros y un escalofrió recorrió toda mi piel mientras una ráfaga de viento húmedo y
helado pasaba sobre nosotros y nos enchinaba la piel, cuando la silueta fue mas visible el terror nos invadió y
corrimos hacia la puerta contraria de la habitación, Sandra lloraba y gritaba asustada, Sonia permanecía al
lado de Miguel, el ser aquel caminaba hacia la habitación por el pasillo frío cojeando de su pie izquierdo, todo
su cuerpo se encontraba en estado de descomposición, sus ropas caían en pedazos ya podridas, sus ojos
sin párpados mostraban sus globos oculares y cientos de gusanos le cubrían su cuerpo. Salimos de la
habitación por la puerta contraria, Sonia se quedo con Miguel y perdió el sentido cuando el horripilante ser
entro al lugar.

Los tres; Sandra y Ramón y yo corrimos por un pasillo largo y recto, a lo lejos había otra habitación y parecía
alumbrada, corrimos hacia ella …

-    Hola! – Grito Sandra esperando respuesta del interior. Caminamos lentamente y entre primero, Sonia
estaba tirada en el suelo desmayada y Miguel no estaba con ella, ¿que había pasado?, ¿por que si habíamos
caminado derecho por un largo pasillo habíamos llegado de nuevo al punto de partida justo por la puerta por
donde había entrado el ser aquel que parecía un muerto en vida?
Jamás lo sabríamos, olvidamos rápidamente el acontecimiento y despertamos a Sonia, ella lloraba y
preguntaba por Miguel, nosotros también.

- Esto no puede ser, no puede ser! – Gritaba Ramón. – ¡Se escapa de toda lógica!, ¡no podemos salir del
mismo lugar, es una paradoja en el espacio!

Las paredes estaban llenas de fotografías, grandes, chicas, medianas, etc. Una llamo nuestra atención, era
una fotografía de cuerpo completo, era una mujer vestida de negro y la fotografía era tamaño real, su rostro
serio parecía mostrar enojo, un ruido nos distrajo y todos miramos hacia la puerta que nos faltaba por
inspeccionar, esta puerta presentaba un pasillo también largo y oscuro, al no ver nada miramos de nuevo la
fotografía y casi caemos al suelo de espanto, la mujer ahora dirigía su brazo hacia Sonia, era ni mas ni menos
que la misma mujer que nos decía que nos fuéramos en la plaza y que había yo mismo había visto en el ataúd;
misma piel obscura, mismas verrugas, mismo rebozo… misma mujer.

La mujer aquella apuntaba con su dedo hacia Sonia y se podía ver la expresión de su rostro lleno de odio,
corrí tomando a Sandra de la mano, Ramón nos siguió y cuando íbamos a medio pasillo un grito desgarrador
se dejo escuchar en el punto de partida, regresamos preocupados por Sonia y al llegar Sonia no estaba, la
buscamos con la vista por toda la habitación y no la encontramos, miramos de nuevo la fotografía…
-    Nooooo, noooo. – Lloraba Sandra y escondía su rostro sobre mi pecho.
La fotografía había cambiado, ahora no estaba la mujer aquella, ahora la fotografía mostraba a Sonia con el
rostro desfigurado por el llanto y sosteniendo el cuerpo de Miguel cuyo cráneo era devorado por el ser
descarnado que habíamos visto en el pasillo, esto se veía en la fotografía en la que Sonia sostenía a Miguel
llorando de dolor.

Caminamos hacia atrás sin dejar de ver la fotografía buscando la puerta que daba al pasillo oscuro, corrimos
por el mismo, no podíamos estar en un lugar peor, llegamos al final de pasillo y una puerta de madera nos
cerraba el paso, empujamos la puerta aquella que cedió lentamente, parecía estar atorada, cuando la
pudimos mover un poco vimos que había luz en la habitación, empuje con fuerza y la puerta se abrió
completamente, no podíamos creer lo que veíamos; un ataúd en el centro del cuarto aquel y un hombre vestido
de negro sentado en una banca de madera con un jarro de barro en las manos, nos quedamos boquiabiertos,
estábamos en la casa donde minutos antes habíamos llegado y habíamos encontrado a la mujer de la plaza
descansando en el ataúd, estábamos tan cerca de el que pudimos ver a la mujer aquella acostada en el
mismo; misma piel obscura, mismas verrugas, mismo rebozo… misma mujer.

Di dos pasos atrás y mis amigos conmigo, el hombre de negro comenzó a reír a carcajadas y corrimos de
regreso por el pasillo llenos de terror mientras la carcajada retumbaba en nuestros oídos lastimándonos,
llegamos al otro extremo y al entra al lugar donde estaba la fotografía con Sonia y Miguel nos quedamos
mudos de espanto, mi corazón palpitaba y gruesas lagrimas corrían por mis mejillas, no podía creer lo que
veía, en el mismo cuadro donde antes estaban Sonia y Miguel ahora estaba Sandra; el amor de mi vida, grite
de dolor, pues la fotografía mostraba a Sandra vestida de novia y acostada en una mesa con cirios a los
lados y un crucifijo en las manos… ¡Estaba muerta!....
Busque a Sonia que debía estar atrás de mi, Sonia no estaba, llore desesperado,
Ramón lloraba asustado miraba la fotografía, me miraba a mi, sabia que uno de los
dos desaparecería en cualquier momento y el que permanecería seria testigo del
castigo que el otro sufriría, ambos queríamos desaparecer primero para terminar
con aquella pesadilla, pero ambos queríamos vivir a pesar de las circunstancias,
cuando el hombre se encuentra deshecho y ve la muerte ante si, se aferra a la vida
aunque vivir lo lleve al sufrimiento.

Por las puertas laterales comenzaron a entrar hombres y mujeres cuya carne de la
piel se caía a pedazos y cientos de gusanos comían sus carnes, las cuencas de sus
ojos mostraban los globos oculares que miraban fijamente con una mirada
penetrante, corrí por el pasillo hacia donde estaba el hombre de negro con la mujer
en el ataúd, llegue hasta el lugar y abrí la puerta asustado, atrás de mi venían
aquellos seres descarnándose mientras caminaban y ante mi estaba el ataúd de
nuevo, el hombre de negro sentado en la banca de madera con un jarro de barro en
las manos, llore desesperado y suplicando que aquello ya terminara, mire al
hombre de negro con mis ojos llenos de lagrimas como implorando misericordia,
mire el ataúd de nuevo y con el llanto en mis ojos y un grito desesperado en mi
garganta; - Noooooooo! – Pude ver por última vez a Ramón descansando en el
mullido fondo del ataúd, sus manos entrelazadas en su pecho y su rostro pálido
como la cera, inmóvil.
El hombre de negro volvió a reír de nuevo y su risa lastimaba mis oídos, Salí corriendo por la puerta que daba
a la calle y al salir vi que ya clareaba el alba, la noche había pasado y por lo claro de la luz podía ver que
estaba amaneciendo, ya con luz de la madrugada, había transcurrido toda la noche y la tarde del día anterior
en unos cuantos minutos. Corrí por los callejones del pueblo hasta la plaza donde estaba mi camioneta,
busque mis llaves y entre a ella, la encendí y esta vez sin dificultad, todavía con el corazón a punto de salirse
por mi boca mire hacia donde estaba la casona vieja la noche anterior, en su lugar había un terreno baldío
quizá lleno de ratas y alimañas, no había tal casona, no lo pensé mas arranqué y me encaminé lo mas rápido
que pude hacia la carretera, en el camino vi una mujer a la orilla diciendo adiós, la piel se me erizo al
reconocerla; misma piel obscura, mismas verrugas, mismo rebozo… misma mujer.
Llegue a la carretera y sin detenerme entre al asfalto sin precaución, regrese a la ciudad tan rápido como
pude, llegue a mi departamento y subí a mi recamara, me tire en la cama y cerré mis ojos, lloraba en silencio
mientras a mi mente venia una imagen ya conocida; misma piel obscura, mismas verrugas, mismo rebozo…
misma mujer.

FIN
Por: Ismael Ledesma
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